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Los cronistas padecen un mal crónico: Viven en el pasado
Cultura Ciudad
Texcoco, Estado de México
Arnulfo Rubio / Expresso de Oriente
2010-06-12 11:22:00
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Arnulfo Rubio

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

La crónica, por definición, es un género periodístico que marca algunas condiciones sustanciales para quien pretende su ejercicio, no tan difíciles, pero sí constantes, las cuales al incluirse en el texto le dan precisamente su formato.

Una de éstas es que la narración se enmarque en la sucesión temporal de los acontecimientos, es decir que el escribano los vaya narrando conforme pase el tiempo. Puede ser por hora, minuto, segundo, día, mes, año, lustro, década, etc. Pero cada medida de tiempo será una ayuda narrativa o descriptiva, no un tema en sí. Lo sustancial, como en todo género y subgénero periodístico, serán los hechos.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

Desde la época colonial, sazonada con las influencias independentistas, revolucionarias y luego priístas, fedatarios, veedores, cronistas y demás fauna de plumíferos, se han visto orillados (tema aparte) a verse incrustados en las estructuras burocráticas, porque quienes ejercen el poder necesitan siempre justificadores y justificantes ideológicos para su quehacer, y viceversa, porque los redactores han buscado el sustento facilón, a través de la puesta en el mercado de la pluma y el tintero (hoy PC) y casi nunca se han distinguido por poseer independencia intelectual, aunque hay excepciones. Cuando llegan la quincena y la pitanza seguras, la creatividad puede bien irse al carajo.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

Tenemos entonces que los resultados son el menú de siempre, como de fondita (respetable) de comida corrida con sopa aguada, arroz y guiso aguado. Conferencias soporíferas ante alumnos presos en las aulas que no pueden salirse corriendo para dejar salir su adrenalina y manifestar su tedio (de por sí poco leen y poco les interesa el mundo adulto); presencia en todo acto cultural como guarura ideológico del munícipe o edil en turno; libros (cuando logra convencer al Mecenas de su pago) que son refritos de otros historiadores más serios (Miguel León Portilla es el escritor más fusilado de México) y anécdotas casi siempre entresacadas del archivo municipal, del cual es amo y señor.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

Se reúnen en Tangamandapio cada año, o en Texcoco, es igual. Por ese trabajo más burocrático que sustantivo y trascendente, se juntan para no sentirse tan mal, porque como redactores de palabras, en el fondo saben que su quehacer con el paso del tiempo y bajo este esquema chambista se equipara al Oficio y al Memorando redactados por Rosita (sesentona) de Oficialía de Partes luego de dar una mordida a la torta y dar un sorbo al refresco o al café.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

Nunca miran alrededor, ni se sitúan e su tiempo. Argumentan que “hay tantas cosas en la historia de este municipio (delegación o estado, como gusten) que no tengo tiempo de alzar la vista y ver la realidad”. Esgrimen tal argumento para auto-eximirse de la responsabilidad social, intelectual y moral que les conferiría el cargo público que usufructúan. De esta manera, temas y personajes que desfilan ante sus narices, pasan de largo y son olvidados por los cronistas oficiales cuya deidad es la Historia (pero oficial, trianual y sexenal).

La inseguridad, los destrozos del patrimonio tangible e intangible, la compra y venta de las propiedades públicas para beneficio de su patrones, la sustracción y ocultamiento de documentos valiosos porque revelan los verdaderos orígenes la riqueza de los ricos del pueblo...eso será tomado en cuenta por el tataranieto del cronista.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

No rinde cuentas al público, al lector, al que paga el tributo de donde toma la pitanza y el sustento. Lo hace ante quien le renovó canonjías y ante el ricacho patán del pueblo que lo invita tomar coñac. Ni siquiera es capaz ya de sostener una columna medianamente legible en la que suelte parte sus conocimientos a la plebe, para que deje de serlo, porque el periodismo (sobre todo el de rancho) no paga.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

Se junta con sus pares. El músico de todos las veladas (usted sabe quién es); el poeta que nunca llegó ni siquiera a la plaquette; el culto del pueblo que trabajó al de... y conoció a ...; el funcionario público que ya mira de arriba abajo al votante; el administrador de la casita de cultura (empezó desde abajo y la tomó al morir predecesor) donde pasa como Pedro por su casa; el pintor renacentista y de altos vuelos que mamó al arte por genética de su familia artista; la bailarina que ha ido a Estocolmo, a Waco y a Bellas Artes ( a ver a Amalia), con cargo al erario municipal; el escultor que ha hecho a Nezahualcoyotl, a Carranza y a Zapata por ser familiar a cuate del político que lo encargó...Y la crónica pasa a su lado o mira la fiesta desde afuera y sigue su camino para reunirse con el imaginario popular.

Por así convenir a sus intereses (y a los de su empleador)

Jamás serán (los cronistas locales) verdaderos cronistas como Manuel Payno, Guillermo Prieto, Angel de Campo, José T. Cuellar, o más de cerca Carlos Monsiváis, Francisco Conde, Fidel Samaniego o qué sé yo. Estoy seguro que ya los leyeron (los cronistas de hoy) o están en vías de hacerlo. Porque, señores y señoras, la crónica por su naturaleza permite libertades creativas que la acercan al género literario...y ellos han desperdiciado su oportunidad.

Pero no hay tiempo que se pueda recuperar...y eso lo saben. Creo que tal especie de cronistas ha vendido el alma al diablo y, en su medida, son en parte responsables de los bajos escaños que ocupamos los mexicanos en el ranking mundial educativo. Los maestros, los medios de comunicación, los políticos, la Internet, la crisis, la corrupción, la maldición del derrotado Cuauhtémoc (y la selección nacional), el PRI, la Iglesia, nosotros, ustedes, aquellos...todos tenemos nuestra partecita de responsabilidad, no nos hagamos...por así convenir a nuestros intereses (y los de nuestros empleadores).

Aunque, claro, esta pudiera ser la perspectiva de un cronista no oficial.
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Comentarios
Tal parece que el autor de estas líneas destila amargura y una incofessable dote de egoismo. Quiere ser sardónico en sus comentarios y resulta ostentosamente patético y pusilánime por el deslinde que hace al final de su escrito.
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Estoy de acuerdo, la insensatez de abandonar el cálculo que los justifica en su servilismo hace falta a los cronistas actuales de la zona. La pasión por acercarse a una verdad, por ejercer una escritura que encuentre alguna vena de la realidad hizo a los grandes escritores del siglo XIX que mencionas, y todo lo demás era lo de menos.
// POR: VISITANTE
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